Considerada como el máximo repositorio bibliográfico del país, la Biblioteca Nacional de México, que este 2004 celebra su 75 aniversario, resguarda la memoria bibliográfica más importante del país.

Enclavada en el Centro Cultural Universitario (CCU), su acervo cuenta con más de un millón 250 mil libros y documentos, una sala de consulta y otras especiales para Bibliografía, Fonoteca, Mapoteca, Tiflológico y Videoteca.

Al suprimirse la Real y Pontificia Universidad de México, sus fondos y demás bienes pasaron a constituir la Biblioteca Nacional de México. En 1867, por decreto presidencial del 30 de noviembre, Benito Juárez estableció la Biblioteca Nacional y destinó para su sede al templo de San Agustín.

La biblioteca abrió sus puertas el 2 de abril de 1884 con aproximadamente 91 mil volúmenes, incluidos manuscritos, incunables (libros impresos en Europa en el siglo XV) e impresos novo-hispanos.

En 1914, el acervo quedó vinculado a la Universidad Nacional de México y cuando ésta obtuvo su autonomía, en 1929, la Biblioteca Nacional pasó a formar parte de la ahora Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En 1967 se creó el Instituto de Investigaciones Bibliográficas para administrar y coordinar a la Biblioteca Nacional, que 12 años más tarde se trasladó del antiguo templo de San Agustín a su sede actual, en el Centro Cultural Universitario.

El acervo se organiza en las siguientes colecciones: Fondo Reservado, que resguarda los documentos más antiguos de la biblioteca: archivos, manuscritos, incunables e impresos mexicanos del siglo XVI al XIX. Además de una colección iconográfica.

La Colección general, compuesta por obras monográficas contemporáneas. La Sala de Consulta que ofrece obras de consulta en estantería abierta: diccionarios, enciclopedias, anuarios, directorios, manuales, catálogos, índices, etcétera.

Además de las Salas Especiales que tienen diversas colecciones de material: música impresa y grabada, discos compactos, video grabaciones, publicaciones en braille, mapas, juegos didácticos, etcétera.

De las colecciones que alberga la más importante es, sin lugar a dudas, el Fondo Reservado, cuyos antecedentes se remontan a mediados del siglo XX, cuando en la sacristía del edificio de San Agustín se adaptó una bóveda de seguridad especial para resguardar las colecciones más valiosas y antiguas de la biblioteca.

Esta sección abrió sus puertas en 1958 y más tarde recibió el nombre de Sala José María Lafragua. Posteriormente, dicho acervo se trasladó a una de las capillas, donde se reanudó el servicio en 1984. A partir de entonces, a esta sección se le denominó Fondo Reservado.

Los sismos de 1985 dañaron la estructura del edificio de San Agustín, razón por la cual se construyó un anexo para el Fondo Reservado en las actuales instalaciones de la Biblioteca Nacional, que se inauguró en septiembre de 1993.

En el proyecto de construcción se contempló un espacio para establecer el Fondo Reservado de la Hemeroteca Nacional, a fin de resguardar las publicaciones periódicas nacionales y extranjeras editadas desde el siglo XVIII hasta 1917.

El Fondo Reservado se conforma de cuatro grandes secciones: Sección I. Colecciones de obras raras y valiosas, Sección II. Archivos y manuscritos e Iconoteca, Sección III. Colección Fondo de Origen (Fondo Primitivo), Sección IV. Colecciones Especiales.

Se localiza en el anexo de la Biblioteca y ofrece servicio de lunes a viernes para investigadores y tesistas, quienes deberán llenar una solicitud de tarjeta de usuario y entregar una carta de presentación para tener acceso.

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